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por Ana Maria Nuñez

Las diferencias entre varones y mujeres responden a factores fundamentalmente culturales, ideológicos y simbólicos en los distintos ámbitos de la vida en sociedad.

Por ese motivo, para lograr la equidad real entre varones y mujeres debemos atravesar procesos de transformación, especialmente de estructuras simbólicas con un contenido patriarcal, sostenidas y reproducidas por la sociedad.

Los procesos de construcción de nuevas masculinidades se enmarcan teóricamente en los estudios antipatriarcales, que postulan nuevas formas que asumen las masculinidades en la actualidad y que entienden el carácter arbitrario y contingente del principio de la diferencia entre lo masculino y lo femenino.

El machismo como ideología es reproducido, sostenido y naturalizado tanto por varones como por mujeres; por ello, es necesario el progreso hacia nuevos sistemas de referencia. Para lograr la equidad es imprescindible el involucramiento de todas las personas.

El carácter cultural de la construcción de las masculinidades exige alejarnos de perspectivas naturalistas, de poder y dominio por su sola condición de tal. El machismo patriarcal no amenaza sólo a mujeres sino también a un sector vulnerable de los mismos varones que por su condición social, identidad u orientación sexual no cumplen con los mandatos patriarcales.

Desde nuestro lugar debemos generar espacios de construcción de la masculinidad e intercambio de saberes desde una perspectiva de género. Sólo desde esta mirada se podrá visibilizar la importancia de varones en el cambio cultural hacia la equidad, la igualdad de oportunidades y la erradicación de la violencia contra las mujeres.