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por Dra. Amalia Mattio

La clave fundamental para entender la implicación de las mujeres como agentes de Paz parte de la división tradicional de género.

Generalmente a los hombres se les han asignado los ámbitos de decisión pública, la política y la guerra; y a las mujeres, el espacio interior, la casa, siendo su función fundamental la reproducción de la comunidad.

Por tanto, tradicionalmente, han sido los hombres con capacidad política los que han decidido sobre la guerra y la Paz; mientras que las mujeres han sido excluidas del mundo de la política y de la guerra, de manera que han desarrollado «naturalmente» con plenitud su papel de género en el ámbito de la Paz, sobre la que, sin embargo, no han tenido hasta hace poco tiempo capacidad de decisión

Cabe recordar lo resuelto en la Conferencia de Beijing de 1995 “El empoderamiento de las mujeres y su plena participación en condiciones de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluyendo la participación en los procesos de toma de decisiones y el acceso al poder son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz”.

Ante ello afirmar” No podemos contar con los hombres para crear la paz, lo tenemos que hacer por nosotras mismas

La histórica Resolución 1325 del Consejo de Seguridad, adoptada en el año 2000, es la primera que establece la relación entre las experiencias de las mujeres en los conflictos con la agenda internacional de paz y seguridad, centrando la atención en el impacto desproporcionado que tienen los conflictos sobre las mujeres y haciendo un llamado a la participación de las mujeres en la resolución de conflictos y la consolidación de la paz. En ella se reconocen las contribuciones subvaloradas e infrautilizadas de las mujeres en la prevención de los conflictos, el mantenimiento de la paz, la resolución de conflictos y la consolidación de la paz; destacándose la importancia de tener una participación plena y equitativa de las mujeres como agentes activos de la paz y la seguridad.

A 20 años de dicha resolución los cambios en la pacificación, el mantenimiento y la consolidación de la paz son claros. La protección de las mujeres y de las niñas de la violencia sexual y de género se reconoce como un desafío prioritario. Las coaliciones de mujeres por la paz son más fuertes.

Pero me parece interesante recordar un poco de historia para conocer la verdadera preocupación de las mujeres por el tema de la Paz.

 En abril de 1915, un año después del inicio de la Iª Guerra Mundial, 1.136 mujeres procedentes de diferentes países europeos se reunieron en La Haya para expresar su rechazo al horror de la guerra que devastaba Europa en esos momentos. Ese encuentro fue el germen de la Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF), que un siglo después sigue agrupando a mujeres de todo el mundo que trabajan por la paz, la desmilitarización y el desarme internacionales y que en 2015 celebró su centenario con un lema, que entonces y también ahora sigue plenamente vigente, “El poder de las mujeres para parar la guerra”.

Ciento cinco  años después del inicio del que fue uno de los conflictos armados más graves de la historia de la humanidad, mujeres de todo el mundo siguen trabajando local e internacionalmente contra la violencia patriarcal de los conflictos armados, denunciando los vínculos tan estrechos que existen entre masculinidades dominantes y militarismo, y cómo la violencia contra las mujeres en los conflictos armados no es sino una ampliación de la violencia contra las mujeres que sucede en tiempos de paz.

No puede entenderse la violencia contra las mujeres en la guerra sin tener presente que una de cada tres mujeres en el mundo ha sido víctima de la violencia de género alguna vez en su vida. (el 35%, según las cifras de la Organización Mundial de la Salud referidas a 2013)

El movimiento de las mujeres contra la guerra y por la paz surge estrechamente vinculado a la defensa de otros derechos de las mujeres como el del sufragio, y ha evolucionado en paralelo a las luchas feministas desde finales del siglo XIX hasta la actualidad.

Las organizaciones de mujeres que trabajan por la paz han abrazado múltiples causas: el fin de los conflictos armados y la búsqueda de salidas negociadas a la violencia, el antimilitarismo, la abolición de las armas nucleares, la defensa del medio ambiente, la denuncia de la violencia sexual como arma de guerra, la denuncia de las desigualdades económicas, la discriminación y las injusticias sociales, entre otras muchas…

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