Las mujeres en el ámbito laboral en el S. XXI

María Carmen Buelga Otero

Inicio esta presentación con una reflexión que considero relevante, no hay una sola forma de ser mujer, salvo en los estereotipos culturales que nos engloban a todas, como una. Por ello, me refiero a las mujeres. Mujeres diferentes en el pensar, sentir y hacer a lo largo de su vida.

Es necesario saber que las  mujeres con su esfuerzo y trabajo contribuyen a la economía de la sociedad, siendo importante conocer el recorrido realizado en su incorporación al ámbito laboral formal.

La industrialización en el siglo XIX y su expansión, promueve la  incorporan de las mujeres a la misma, esta en sus comienzos tenía solamente mano de obra  masculina.

Esta nueva situación hace que las mujeres asuman una doble imposición, organizar y cumplir con  las tareas domésticas y el empleo fuera del hogar.

Los hombres al declararse la Segunda Guerra Mundial en el siglo XX deben estar en los frentes de batalla, por lo que las mujeres reemplazan a los mismos en las fábricas. Este hecho genera un precedente: las mujeres son capaces de realizar los trabajos que hasta el momento sólo era incumbencia de los hombres.

Este acontecimiento social-económico-cultural, provoca que en forma gradual la población femenina se integre al ámbito laboral formal. Al principio ocupando puestos que por tradición se le asignaron: maestra, enfermera, secretaría.

En el recorrido llegamos a la actualidad, donde las mujeres se encuentran en todos los sectores profesionales y algunas ocupan cargos en la alta dirección. Podemos decir que al acceder las mujeres al empleo remunerado, ha supuesto para las mismas, tener la posibilidad de su independencia económica y su desarrollo personal-laboral.

Si bien, las mujeres alcanzaron una importante inserción en los ámbitos de trabajo, se sigue manteniendo la segregación que las afecta e impide que en ciertos sectores las mujeres no ocupen puestos de responsabilidad. También, la precariedad laboral y el desempleo aqueja mayoritariamente a la población femenina.

A esta situación debemos considerar que las mujeres, además de desempeñarse en las organizaciones laborales, aportan esfuerzos y tiempo en las tareas del hogar, el cuidado de los niños, ancianos y enfermos. Estas tareas no son remuneradas, por lo que no están valorizadas en la sociedad, ahora, las mismas resultan muy productivas en la economía del hogar y en los estamentos de las economías nacionales, conociéndose como la “economía del cuidado”.

Ante esta doble jornada laboral de empleo y trabajo doméstico, se debe fomentar que el varón y la mujer sean corresponsables en las tareas del hogar, de esta manera se contribuye a dignificar y reconocer el trabajo hogareño.

Es importante que hagamos cambios culturales las mujeres, así, cada vez más se incorporen en el empleo formal y para ello: debemos ser más solidarias entre nosotras y  las que llegan a los puestos de decisión sumen a otras y no repitan los estereotipos de conducción masculinos. Las mujeres también son líderes, líderes con una impronta diferente a los hombres.

Si se reconocen las habilidades y capacidades de las mujeres en los espacios de trabajo, estos se pueden articular con los del género masculino y crear instancias superadoras, donde la diversidad aporta a una mayor eficiencia y eficacia en las tareas.

Es necesario conocer la realidad social-económica-cultural de las mujeres y desde este conocimiento generar mayor equidad, para que las generaciones futuras se desarrollen en sociedades más inclusivas y respetuosas de los derechos de todas las integrantes que habitan en ella.

El lema que surge y debemos afianzar en todos los ámbitos; familiares, laborales, políticos y sociales es “paridad” entre mujeres y hombres para una sociedad justa y equitativa.